
Hola soy Carlos ,hoy continúo relatándote mi viaje a Cienfuegos, la bién llamada Perla del Caribe y dada la extesión de los atículos,para no aburrirte lo hemos dividido en cuatro etapas y no tres como habíamos dicho.
...Una vez mas la idiosincrasia del cubano se hizo patente y en semáforo fui abordado por varios jóvenes esta vez me ofrecían ayuda sin yo pedírsela. Que raro. Sin embargo no era solo ayuda lo que me ofrecían sino que era parte de su trabajo, hacerle publicidad a unos pequeños restaurantes privados que en Cuba le llaman Paladares (el nombre no es original, salio de la famosa novela brasileña "Vale todo"). Si aceptaba ir a uno ellos cobrarían su comisión.
Como era de esperar acepte pues fueron tres horas de camino durante las cuales solo tome unos sorbos de la coca cola cubana allí llamada tukola, bueno no es ni parecida a la coca cola pero es una gaseosa y fría y teniendo en cuenta el calor, que importancia tiene la marca.
Comer un poco, algo ligero de buen precio, me parecía tentador, al entrar al pequeño restaurante me percate que había una familia de cubanos, algo raro, pero observándolos analice que aquellos quizás viven en la pequeña Havana (Miami), y tienen el orgullo de venir a su tierra, invitar a su sangre y sonreírle cínicamente al responsable de su partida, y aunque el gobierno nunca pierde, estos cubanos están dispuestos a ayudar a este tipo de restaurantes privados, pues aun cuando no venden nada tienen la obligación de pagar un impuesto no equivalente a sus ventas, si no aun porcentaje establecido, muy alto por cierto, así como el precio que tuvieron que pagar por el apoyo a un régimen no estratégico.
A diferencia de aquellos restaurantes del gobierno, los trabajadores nos atendieron bien, siempre atentos a si se nos ofrecía algo mas, con una sonrisa nos llevaban los alimentos, así da gusto comer. Comimos hasta más no poder y al terminar, nos dirigimos hacia la bahía y luego al paseo del Prado, que según las guías publicitarias por internet es el más grande que el de La Habana.
De nueva cuenta existe una magia que me envuelve en cada calle de Cienfuegos, si se tiene imaginación y se despeja la mente se puede vivir en aquella época dorada de Cuba, cuando las grandes voces tenían su espejo en cada punto de partida del mar, grandes construcciones con cierta altivez y belleza, que por el momento se han convertido en la nostalgia de los ancianos que caminan reviviendo quizá, una vida con dignidad. Mientras estas casas se arrodillan en el suelo por falta de mantenimiento, a su lado se levantan grandes construcciones cuadradas de hoteles extraños a la inversión del cubano. Así que cuando el magnate extranjero se limpia las manos con seda comprada con las ganancias de estos hoteles el cubano se limpia los cayos provocados por el chapeo, con el viejo pañuelo que su padre le heredo o que por sus ingenios y belleza corporal pudo comprar.
Caminando por el paseo llegando al parque central, decidí descansar y otra vez volver a pasar por el paseo, encontrándome con Beny Moré, a quien le pedí un momento de su tiempo para grabar este recuerdo tan grato. Por estar cerca al mar, partimos hacia allá, según la información estaríamos en 30 minutos, la pregunta era como salir de Cienfuegos y tomar el camino correcto. Robándome la idea de llevar a alguien, en un semáforo una señora muy graciosa me pidió botella hacia la salida de Cienfuegos donde se encontraba un cruce y este me llevaría al mar nuevamente . Y así paso, 30 minutos después estaba viendo un mar, que no tiene las características ni la belleza del que se encuentra al otro lado de la isla, pero necesitaba un baño de agua salá.
El pequeño lugar donde se puede disfrutar de las aguas mansas del mar Caribe, se llama Pasacaballo, como de costumbre ninguna señalización, es curioso que teniendo una gran empresa donde se renta autos no se tiene un poco de conciencia para conducir al piloto por medio de señalizaciones. Tomando un camino al azar llegamos al hotel, con la necesidad de tomar un par de cervezas con su "botana" y el baño respectivo. Para mi sorpresa, bueno allí nada es sorpresa, en la entrada nos preguntaron si se nos ofrecía algo, nosotros dijimos nuestro deseo, y como el genio no había salido de una botella, los deseos fueron denegados, alegando que era un hotel todo incluido, que era imposible entrar y si teníamos ganas de bañarnos en el mar, debíamos entrar en la entrada publica que esta a la par del hotel. Después de tener una pequeña discusión pues el genio del hotel nos había tratado como si fuéramos personas incapaces de pagar una cerveza decidimos tranquilizarnos en la playa.
Para no dejar la costumbre a un lado, la entrada a la playa es tan estrecha y el camino de arcilla, que si llueve el carro se atasca, con cierta frustración nos dimos un chapuzón y entre platica y platica nos pareció que la persona responsable de los hoteles no tiene ni la mas mínima idea de un negocio prospero pues no les costaba nada dejarnos entrar, cobrarnos la entrada las cervezas y las botanas, una ganancia extra no les causaría daño alguno, pero como hay que cumplir ordenes no estratégicas, tienen que seguir pasando penas y limpiando el camino que sus "jefes" usan.
Al final las nubes tornaron el paisaje tropical gris y tuvimos que irnos de allí, antes de que tuviéramos empujar el auto atascado. El viaje de aventura llegaba a su fin, nuestro retorno a La Habana, a escuchar al sonero cantar y al santero sanar. Observamos el tanque casi lleno no teníamos ninguna pena, pues en todas la autopistas del mundo hay gasolineras cada ciertos tramos para abastecer los tanques exhaustos y de paso ofrecer comidas ligeras. Partimos dejando a Moré en el paseo, al genio en su botella de fantasía y al mar de este lado de la isla bajo el agua fría que cae del cielo.